La segunda jornada de Animadrid se centró en la competición oficial de cortometrajes, proyectando la primera mitad de los trabajos a concurso organizados en tres sesiones consecutivas.

La primera sesión reunió los cortometrajes recomendados para niños aunque no por eso menos interesantes. Entre los trabajos más destacables estuvieron Zayats-sluga (La liebre sirviente) y Medvezhii istorii (Historias de osos), ambos cortometrajes de origen ruso que narran historias tradicionales de dicho país. Tambien destacó el trabajo de animación con muñecos del uruguayo Walter Tournier en La canilla perfecta, curiosamente el único corto de esta sesión en el que los animales no ejercian un papel protagonista. Por útimo, cabe mencionar otra prodcucción rusa, Rybka (El pececito), en el que se descubre el mundo interior de una niña impactada por la muerte de un pececito.

Con la segunda sesión, los cortometrajes tomaron ya un tono más adulto con temáticas más poeticas en algunos casos y más dramáticas en otros. La proyección que arrancó más aplausos y risas fue, sin duda, This way up (Hacia arriba) de los británicos Smith & Foulkes del estudio Nexus que narran las peripecias de dos empleados de una funeraria para llevar un ataud a su destino final. En un registro menos cómico, aunque tambien despertara algunas risas, se situó Skhizein que, a traves de la historia de Henry un hombre que vive a 91 centimetros de sí mismo, nos hace recapacitar sobre la locura. Pero, sin duda, el trabajo que provoca más reflexión tras su visionado es Orgesticulasnismus que, en un crescendo espectacular, plantea la necesidad de reinventar el movimiento cuando se sufre una enfermedad que te priva de él. Para acabar, no conviene olvidar Cabaret Kadne el último trabajo de los españoles Marc Riba y Anna Solanas, autores de La Lupe i en Bruno y Violeta, la pescadora del mar negro.

Cerró la tarde, ya convertida en noche, una tercera sesión en la que pudo verse I met the walrus (Conocí a la morsa), uno de los nominados en la última edición de los Oscar, en la que John Raskin plasma en imagenes la entrevista que él mismo realizó a John Lennon cuando se coló en su habitación de hotel con sólo 14 años. Otro interesantisimo trabajo fue Kodomo no keijijógaku (La metafísica de un niño) en la que Koji Yamamura juega con inacabables visiones de la filosofia de los niños. Y, para cerrar el ciclo iniciado, con los cortometrajes protagonizados por animales de la primera sesión destacaron dos nueos ejemplos en este última sesión. En primer lugar, O güerepork (El hombre cerdo), corto en que su director, Sam, revisita en clave de humor el cine de terror como ya hiciera en su anterior trabajo El ataque de los Kriters asesinos. Por su parte, Big Buck Bunny (El gran conejo Buck), un proyecto creado totalmente con software open source que puede ser utilizado por quien lo desse gracias a su licencia creative commons, cuenta la batalla de un conejo grandullón y bonachón contra tres ardillas malvadas.

Para acabar, tras esta maraton de cortometrajes de casi seis horas, Animadrid invitó a todos los asistentes a una fiesta mexicana en la que pudieron degustarse nachos, guacamole, cervezas y margaritas.

En los próximos días cabe destacar los desayunos con directores que se celebran hoy domingo, lunes y martes en la cafetería de Teatro Mira y que permiten conocer de cerca su visión del mundo de la animación. En especial, resultará interesante conversar el lunes con el maestro de la animación con plastilina Will Vinton, que recibe este año un homenaje en Animadrid.